Todos venimos de un Pequeño mundo.
Nuestra Infancia cabe en una cobija,
en la familia que nos ha amado, en la casa y la finca.
También en los amigos y los juguetes.
Cuando el hombre sale del hogar
y conoce en las costas a los más extraños
y se remueve de sí mismo y las costumbres de su tierra
y toma por suyo el sueño de las grandes ciudades
y se hace señor de poderes y riquezas,
se cierne sobre su palacio la soledad del Desarraigo.
Y entonces vuelve a ver entre los baúles y las cajas
las Memorias de su pasado, los cuadernitos y las cartas
de lo que en verdad fue. Y busca entre las palabras,
que ya no son pronunciadas, el eco de su nombre.
El día vuelve a la noche para volver a día.
El Hogar es solo uno
y en él un abrazo caluroso nos espera a todos.
Como un niño, otra vez, reconozco las piezas
de mi Destino que están durmiendo en mi Memoria.